Un inventario – parte una y última – Jorge Garzarelli

Estas son notas para que conformes a partir de este poema
tu propio poema, si queres:

 

 

La honesta sensación de la mano firme sobre el pecho

La ceremonia constante de los silencios

El pequeño complot de las miradas furtivas

La desidia y el lento tormento de los adioses

El vértigo de lo que se desliza para nunca mas volver

La repetida necesidad de sentir el crepúsculo y su noble nostalgia

Los amargos instantes de la infancia

La enferma constancia de las mentiras

Las ausencias

Las extrañezas

Continuar leyendo “Un inventario – parte una y última – Jorge Garzarelli”

Algunas personas imaginan a los poetas – poemas de Anahí Lazzaroni

Como escuálidos hilos que traslada el aire.

Voces huecas o aguardentosas remedando manantial y trueno.

Delgadez extrema, cierto susurro que viene del pasado.

Aves de otro mundo

que sueltan todas sus plumas sobre los papeles.

Con pocas urgencias y un estar sin tareas,

patria, día de la semana, habilidad concreta.

¿Se equivocan? ¿Mienten?

¿O acaso no saben que hay de todo en la viña del señor?

Dos Barcos – poemas de Anahí Lazzaroni

 No se por qué me persiguen dos barcos

que se estrellan en la madrugada

o

en una noche que no es ni áspera ni dócil.

Apenas veo sus proas.

No los distingo, los siento ahí

en alguna parte del mar, de otro mar que no es el mío,

tampoco el de los sueños.

 

Quizás sí sea el de la infancia, más allá del Le Maire,

el de los libros

o el de las pesadillas del invierno.

Dos barcos grises, sin tripulantes, chocando

sin ruido

entre olas altas.

Julio – 2015

Anahí Lazzaroni

Apagón en Calcuta – Jorge Garzarelli

Sólo el blanco de los ojos
y los dientes blancos
de sus tan humanos habitantes mágicos.

En algunas esquinas
había un tumulto de resplandores:
niños jugando con su inocencia.

Los rickshaws seguían rodando
igualmente
sonando sus irisdiscentes cascabeles.

Yo, permanecía absorto en las profundas cercanías
de un Paraíso de tenues sombras.

He escuchado por todas partes que hay un hombre solo.
Tardé en darme cuenta que hablaban de mi.

Esa noche me despedí varias veces.
Ninguna de ellas podría ser definitiva.
La melancolía que se cierne en torno a cualquier adiós,
pertenece al fragor de mi alma.
Es una hermana gemela.
No hay ninguna distancia entre mi yo y ella.
Ninguna.

Esta futura soledad que ya me aguarda, no me oprime, no me
limita: es una leve forma de mi libertad.
Por eso no puedo dejar de despedirme, una y otra vez.

Hoy he pasado por mismo y
no me he encontrado.
Tantas veces son las que me siento un extranjero
que he decidido escandalosamente
comprarme un espejo.
En él, sigilosamente observé el alma quebrada en el ala de un cuervo.

Alguna vez dejaré de insistir en que para vivir hay que asombrarse de todo?

la melancolía que tu rostro tiene
es la máscara verdadera
de mi propia melancolía.

Lentamente la ilusión se desvanece.
Luego y también muy lentamente renace.
Esta vez, calculada, numérica, exacta, pero con la intensidad
de las flores de loto que vi en un apaciguado (desde siempre)
estanque, silencioso y algo secreto en las afueras de
Calcuta, esta ciudad tan amada.

Cada instante tu mirada y tu recuerdo son como una carta sin
estampilla que vuelve cada vez a un remitente imaginario.